Miserias Literarias es un blog inactivo, pero en él queda consignada la faceta más miserable del mundo español de la industria cultural. Desde las preguntas que pueda hacerse un escritor novel hasta algo de carnaza literaria, pasando por las cifras editoriales y los sinvergüenzas.
Nos habla de los certámenes literarios:
«Bajo esa perogrullesca premisa deberían de regirse la totalidad de los certámenes literarios pero, por desgracia, bien sabemos que no es así. A día de hoy, el mundo editorial se rige por premisas más cercanas a la gesta empresarial que a la reivindicación cultural —cuestión que, tarde o temprano, les acabará pasando factura, no me cabe la menor duda de ello— y los certámenes literarios, por derivación, no son algo ajeno a esta circunstancia».
Y todavía profundiza algo más:
«Uno de los casos más paradigmáticos, recurridos y recurrentes es el premio Planeta. La reciente boutade de Marsé como jurado de la última edición de dicho certamen tan sólo sirvió para hacer notorio —que no público— un supuesto secreto a voces conocido por todos en el milieu literario: que el Planeta es un premio de encargo —baste decir que se negocia hasta con dos y tres años de antelación— instaurado para mayor gloria y promoción de la editorial que lo convoca y que esta no busca sino rentabilizar su inversión galardonando textos que sean fácilmente vendibles —por el carisma de sus autores, por su repercusión, por su renombre o vaya usted a saber porqué— pero que no siempre van acompañados de una deseada calidad literaria».
Eche un vistazo el lector a esta acusación contra el también acusado de plagio Alfredo Bryce Echenique:
«Respecto a la cuestión del encargo del premio Planeta siempre surgen jugosas anécdotas. En ocasiones los encargados no han podido cumplir con los plazos de entrega aunque eso no ha supuesto ningún problema: se le prorroga el plazo durante un año más y se pasa al siguiente en la lista —tal y como le ocurrió recientemente a A.B.E.»
Y a la desvergüenza a que ha llegado la corrupción literaria:
«ya ni siquiera se guardan las formas en este tipo de connivencias. Se mercadea directamente y por lo derecho. Ya no se producen sigilosas llamadas a la vieja usanza dirigidas a los miembros del jurado para medrar en favor de determinado autor o texto: ahora se negocian los premios con los agentes literarios sobre la mesa y a cara de perro —obviamente, con los que tienen el poder suficiente para permitirse esa negociación— aunque, en ocasiones, esos convenios —para regocijo y choteo de los que conocemos el paño— acaben como el rosario de la aurora».
Como ejemplo de lo anterior, eche otro vistazo a esta otra acusación de corrupción contra Eugenia Rico, que involucra directamente a su agente Raquel de la Concha e indirectamente a Lorenzo Silva (ganador del Premio Primavera ese año):
«Verbigracia: E.R., joven escritora de cierto crédito y renombre —pero más tonta que el asa de un cubo, para que nos vamos a engañar… Bueno, esto formaría parte de otra historia—, es instada por su agente, R.D.C. —que previamente ha negociado lo que había que negociar—, a participar en un prestigioso certamen literario en el que se le comunica que tendría “amplias posibilidades de erigirse en ganadora”. Con las mismas, la autora pone a punto un texto, lo presenta a dicho certamen y espera pacientemente a que la llamen para pasarse por caja y recibir el importe del premio. Pero en estas, el destino —que a veces es un poco cabrón— juega su baza y resulta que al mismo certamen llega una novela que supera con creces en calidad a la de nuestra autora y que, casualmente, pertenece a un novelista de cierto impacto mediático —esto, para que se fíen ustedes de las plicas—. Los convocantes del premio vislumbran la gran jugada comercial: premiar la novela que, además de ser infinitamente mejor, proviene de un escritor que les proporcionará incluso más beneficios que su anterior elección pero se encuentran con el pequeño obstáculo de que el trato ya fue cerrado con E.R. Tras arduas deliberaciones, se opta por la novela del escritor y pueden suponer ustedes cómo montaron en cólera nuestra escritora y su agente cuando les comunicaron la decisión. El pifostio llego a tal extremo que tuvieron que prometerle a la joven escritora —y a su agente— el puesto de finalista y una indemnización adicional bajo cuerda “por las molestias causadas” ».
jueves, 22 de abril de 2010
martes, 13 de abril de 2010
Desmentidos.
Es falso que en las novelas de Arturo Pérez Reverte exista ilación más allá de la conformada por los números de página.
Completamente falso que haya duda alguna sobre la honradez del Premio Planeta.
Es falso de toda falsedad que la mayoría de españoles no lean libros porque no les guste la buena literatura.
Falso que Arturo Pérez Reverte, como alarde de patriotismo testicular, tinte sus gandumbas de rojo y su alabarda de gualda.
Falso que el lector estafado -en su tiempo o en su bolsillo- deba callar la mediocridad de las obras con las que se le ha perjudicado.
Es muy falso que Almudena Grandes considere graciosos sus chistes sobre violaciones de monjas.
No es cierto que, durante la última feria de San Isidro, el aforo al completo de la Plaza de las Ventas rompiera a cantar “Aaaaaay, Pérez Reeeverteeeee, si no sabes novelar pa’que te meeeteeeees”, ante el pasmo de un morlaco.
Inexacto que todos los correctores de Javier Marías hayan cometido suicidio.
Falso por completo el que Fernando Savater vaya a recibir el Premio Nobel de Ética.
Del todo falso el que algún bodrio Alatristero vaya a sobrevivir tres años a la muerte de su autor.
Es incorrecto que los pobres editores estén tan perdidos y desorientados que ya sólo se les ocurra publicar y premiar a periodistas, locutores, presentadores y otros cargos mediáticos: muchos lo están incluso más.
Falso que a Juan Manuel de Prada le sirviera de algo el ganar el Planeta, cuando con ello perdió su alma.
Falso de toda falsedad que Almudena Grandes sea capaz de dividir un millón entre otro millón, obteniendo un tercer millón equivalente a los dos citados.
Es completamente falso que Arturo Pérez Reverte haya sido detenido por los cazafantasmas.
Completamente falso que haya duda alguna sobre la honradez del Premio Planeta.
Es falso de toda falsedad que la mayoría de españoles no lean libros porque no les guste la buena literatura.
Falso que Arturo Pérez Reverte, como alarde de patriotismo testicular, tinte sus gandumbas de rojo y su alabarda de gualda.
Falso que el lector estafado -en su tiempo o en su bolsillo- deba callar la mediocridad de las obras con las que se le ha perjudicado.
Es muy falso que Almudena Grandes considere graciosos sus chistes sobre violaciones de monjas.
No es cierto que, durante la última feria de San Isidro, el aforo al completo de la Plaza de las Ventas rompiera a cantar “Aaaaaay, Pérez Reeeverteeeee, si no sabes novelar pa’que te meeeteeeees”, ante el pasmo de un morlaco.
Inexacto que todos los correctores de Javier Marías hayan cometido suicidio.
Falso por completo el que Fernando Savater vaya a recibir el Premio Nobel de Ética.
Del todo falso el que algún bodrio Alatristero vaya a sobrevivir tres años a la muerte de su autor.
Es incorrecto que los pobres editores estén tan perdidos y desorientados que ya sólo se les ocurra publicar y premiar a periodistas, locutores, presentadores y otros cargos mediáticos: muchos lo están incluso más.
Falso que a Juan Manuel de Prada le sirviera de algo el ganar el Planeta, cuando con ello perdió su alma.
Falso de toda falsedad que Almudena Grandes sea capaz de dividir un millón entre otro millón, obteniendo un tercer millón equivalente a los dos citados.
Es completamente falso que Arturo Pérez Reverte haya sido detenido por los cazafantasmas.
domingo, 4 de abril de 2010
Almudena Grandes versus Voltaire.
jueves, 25 de marzo de 2010
Jacques Brenner y la corrupción literaria en Francia.
Son quizá estos hechos ya conocidos por el navegante, pero igualmente han de ser reseñados. Se trata de citas literales reproducidas en varios medios (Una temporada en el infierno, El Norte de Castilla, La columna del búho).
«La publicación del diario póstumo de un influyente crítico, novelista y consejero editorial, Jacques Brenner, deja al descubierto un paisaje de jurados venales, editores corrompidos, escritores vendidos, prensa comparsa, con pavoroso lujo de detalles.»
«En vida, Jacques Brenner (1922-2001) fue el arquetipo del escritor de éxito local, premiado el mismo por la Academia, consejero en varias de las más grandes editoriales, crítico adulado, influyente jurado así mismo. Publicó media docena de novelas reeditadas sin cesar. Sus críticas en la prensa más influyente se reeditaron incluso en libro de bolsillo. Varios de sus ensayos siguen reeditándose desde hace años.»
«El director de la editorial donde él mismo trabaja, a sueldo, le anuncia la llamada de un escritor que está dispuesto a regalarle un perro de raza (a Brenner le encantaban los perros) y se dispone a invitarlo a un restaurante de lujo para conocer sus gustos íntimos. El mismo editor le anuncia que le regalará un coche deportivo de lujo, recordándole, al mismo tiempo, que “no olvides que mi favorito es..”. Otro editor lo llama para anunciarle que fulano ganará tal premio, ya que fulano ha recibido un anticipo de tantos millones que es necesario amortizar. El director administrativo de tal editorial lo llama: andan mal de pasta, y el favor de votar por fulano podría pagarse con la reedición en bolsillo de sus críticas literarias, con un anticipo millonario.»
«Yves Berger, su editor, le confiesa a Brenner: “Antoine Gallimard me ha llamado. Se ha sellado un acuerdo entre Gallimard y Grasset. Los jurados Gallimard votarán Grasset para el Goncourt, y los jurados Grasset votarán Gallimard para el Renaudot”.»
«Detrás de tal acuerdo, en la sombra, había en juego ediciones millonarias, jurados venales y centenares de millones de francos, o euros. “Un premio nos sacaría de apuros”, le confiesa a Brenner un editor poco afortunado, pidiendo una limosna.»
Ya en uno de los enlaces reseñados se pregunta quién sería capaz de escribir sobre la corrupción de la industria cultural española. Iré apenas un poco más allá, pues resulta forzosa la comparación agraviativa: si a tal grado llega la corrupción en la industria cultural francesa, ¿a cuál no llegará la industria cultural española?
«La publicación del diario póstumo de un influyente crítico, novelista y consejero editorial, Jacques Brenner, deja al descubierto un paisaje de jurados venales, editores corrompidos, escritores vendidos, prensa comparsa, con pavoroso lujo de detalles.»
«En vida, Jacques Brenner (1922-2001) fue el arquetipo del escritor de éxito local, premiado el mismo por la Academia, consejero en varias de las más grandes editoriales, crítico adulado, influyente jurado así mismo. Publicó media docena de novelas reeditadas sin cesar. Sus críticas en la prensa más influyente se reeditaron incluso en libro de bolsillo. Varios de sus ensayos siguen reeditándose desde hace años.»
«El director de la editorial donde él mismo trabaja, a sueldo, le anuncia la llamada de un escritor que está dispuesto a regalarle un perro de raza (a Brenner le encantaban los perros) y se dispone a invitarlo a un restaurante de lujo para conocer sus gustos íntimos. El mismo editor le anuncia que le regalará un coche deportivo de lujo, recordándole, al mismo tiempo, que “no olvides que mi favorito es..”. Otro editor lo llama para anunciarle que fulano ganará tal premio, ya que fulano ha recibido un anticipo de tantos millones que es necesario amortizar. El director administrativo de tal editorial lo llama: andan mal de pasta, y el favor de votar por fulano podría pagarse con la reedición en bolsillo de sus críticas literarias, con un anticipo millonario.»
«Yves Berger, su editor, le confiesa a Brenner: “Antoine Gallimard me ha llamado. Se ha sellado un acuerdo entre Gallimard y Grasset. Los jurados Gallimard votarán Grasset para el Goncourt, y los jurados Grasset votarán Gallimard para el Renaudot”.»
«Detrás de tal acuerdo, en la sombra, había en juego ediciones millonarias, jurados venales y centenares de millones de francos, o euros. “Un premio nos sacaría de apuros”, le confiesa a Brenner un editor poco afortunado, pidiendo una limosna.»
Ya en uno de los enlaces reseñados se pregunta quién sería capaz de escribir sobre la corrupción de la industria cultural española. Iré apenas un poco más allá, pues resulta forzosa la comparación agraviativa: si a tal grado llega la corrupción en la industria cultural francesa, ¿a cuál no llegará la industria cultural española?
martes, 16 de marzo de 2010
Hablar con el rabo, crítica acompasada de El habla de un bravo del siglo XVII, discurso de ingreso a la Real Academia Española de Arturo Pérez Reverte
El navegante podrá encontrar aquí el discurso criticado.
Primer párrafo: Afirma Pérez que el ingreso en la academia es codiciado pero que él no lo codicia.
Segundo párrafo: Pérez entona un mea culpa por ser él ingresado en la academia en lugar de otros admirados suyos. ¡Pobre Pérez!, ¡pues haber dicho que no! ¡Que no era obligatorio!
Tercer párrafo: Alaba Pérez a su predecesor como letra T y, por su alabanza («Doctor honoris causa de 25 universidades, adelantado en el estudio del español del sur de los Estados Unidos y en el análisis de la sociolingüística al estudiar el español de las Canarias, el hondo saber de aquel maestro indiscutible de la dialectología española abarcó historia de la lengua, sociolingüística, toponimia, literatura contemporánea, literatura medieval, cronistas de Indias, fonética, poesía popular, lengua y literatura sefardí, y culminó en la titánica obra de los atlas lingüísticos, donde trazó la casi totalidad de la geografía del español»), nos muestra el abismo que se abre entre ambos académicos.
Cuatro párrafo: Define su Alatriste como «serie de novelas históricas» y habla de «El trabajo de ambientación histórica y el necesario rigor del lenguaje», refiriéndose a su costumbre de embutir, en sus mal llamadas novelas, citas, sonetos y digresiones antinovelísticas, y su porfía en colar toda la terminología que sea posible, convenga o no al relato o a la narración.
Quinto párrafo: Primeros versos que cuela.
Primer párrafo: Afirma Pérez que el ingreso en la academia es codiciado pero que él no lo codicia.
Segundo párrafo: Pérez entona un mea culpa por ser él ingresado en la academia en lugar de otros admirados suyos. ¡Pobre Pérez!, ¡pues haber dicho que no! ¡Que no era obligatorio!
Tercer párrafo: Alaba Pérez a su predecesor como letra T y, por su alabanza («Doctor honoris causa de 25 universidades, adelantado en el estudio del español del sur de los Estados Unidos y en el análisis de la sociolingüística al estudiar el español de las Canarias, el hondo saber de aquel maestro indiscutible de la dialectología española abarcó historia de la lengua, sociolingüística, toponimia, literatura contemporánea, literatura medieval, cronistas de Indias, fonética, poesía popular, lengua y literatura sefardí, y culminó en la titánica obra de los atlas lingüísticos, donde trazó la casi totalidad de la geografía del español»), nos muestra el abismo que se abre entre ambos académicos.
Cuatro párrafo: Define su Alatriste como «serie de novelas históricas» y habla de «El trabajo de ambientación histórica y el necesario rigor del lenguaje», refiriéndose a su costumbre de embutir, en sus mal llamadas novelas, citas, sonetos y digresiones antinovelísticas, y su porfía en colar toda la terminología que sea posible, convenga o no al relato o a la narración.
Quinto párrafo: Primeros versos que cuela.
domingo, 7 de marzo de 2010
Javier Marías y la senda de los sendos.
Obsérvese el uso que hace el académico Javier Marías de nuestro estupendo adjetivo distributivo:
Corazón tan blanco (Javier Marías), pág.188:
“Aún se entretuvo en la sección viril, ahora probó dos aromas en el envés de sus sendas manos, pronto no le quedarían zonas incontaminadas por los perfumes dispares”.
Acúdase luego al diccionario panhispánico de dudas, en busca de iluminación sobre sendos:
"2. No debe emplearse como equivalente de dos o ambos, sin valor distributivo: Han robado en la farmacia y en el estanco, y parece que sendos atracos los cometió la misma persona."
Corazón tan blanco (Javier Marías), pág.188:
“Aún se entretuvo en la sección viril, ahora probó dos aromas en el envés de sus sendas manos, pronto no le quedarían zonas incontaminadas por los perfumes dispares”.
Acúdase luego al diccionario panhispánico de dudas, en busca de iluminación sobre sendos:
"2. No debe emplearse como equivalente de dos o ambos, sin valor distributivo: Han robado en la farmacia y en el estanco, y parece que sendos atracos los cometió la misma persona."
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