Grupos de animales empiezan a organizarse, pertrechándose con materia para ocluir sus oídos. Una potente resistencia cultural comienza a aflorar en el agro, habiéndose abierto bibliotecas y repartido obras clásicas. Varios toros de lidia afilan su cornamenta contra piedras o árboles, y animales no cornúpetas memorizan críticas acompasadas con las que ahuyentar al autor. Se ha avistado una oveja con un bigote como el de Nietzsche y un cabreo de aúpa. Javier Marías no lo tendrá fácil y esta vez podría acabar depositado en un abrevadero o dos.
Quedan sin embargo algunos animales pacíficos como este. Y tú, pequeñuelo, ¿qué opinas de la vuelta de Javier Marías?

