jueves, 30 de abril de 2009

E más efe (Eme más i).

El lector internauta quizá haya tenido la suficiente candidez u osadía como para visitar la web de la planetaria María Laura Espido Freire.

Intitulada E más efe (Espido más Freire, espíritu más fuerza, estanco más ferretería...), la spidoweb ostenta el pavoroso lema de “democratizar la cultura”, que supongo consiste en continuar propulsando la cultura barranco abajo, y aqueste otro de “culturización de las élites”, lo cual, logrado lo primero, no resultará difícil.

Pero sin duda el apartado estelar es aquel por el que el entendido sabrá distinguir a todo escritor auténtico, de raza, llamado a hacer época: la galería fotográfica de su colección de bolsos, con nombres tan originales como: “mi bolso se comió mis deberes”, ¡qué ocurrente es esta chica!; “bolso deprimente”, por si no te basta con la web; el bolso “ovejita”, que da leche y lanita; “bolso que de mayor quería ser un mango”, el famoso bolso manubrio; “bolso petaca”, para los muy bebedores; “bolso azul de buena chica”, de buena chica que acepta el Planeta; “bolso ruidoso”, quizá como un cojín-pedorreta; “bolso escroto de ballenato”, etc...

Es posible que Thomas Mann o Hermann Hesse hayan sido superados. Y todo por su prejuicio hacia los bolsos.

Pero aún hay más: para los más atrevidos, una galería fotos de la propia María Laura (yo no me he atrevido, por encontrarme ya demasiado excitado).

Hay también apartados para algún que otro cursillo, y está plena de comentarios de cómo, por ejemplo, Laurita es solicitada para asistir como anfitriona a cenas y eventos, para animar la velada (no aclara si tocando la zambomba o los platillos), lo que, efectivamente, tiene de escritor lo que Javier Marías de superhombre Nietzscheano. Es esta la web, no de una escritora, sino de una figura mediática que pareciera se alquila por horas para figurar en eventos y hacer relumbrar su halo pseudoliterario con olor a procesada fabada.

Según informa uno de mis agentes, ante esta nueva jugada mediática, Javier Marías y Pérez Reverte han decidido no quedarse atrás, siendo así que publicarán muy pronto en sus webs, el primero, una galería fotográfica con su colección de gallumbos y, el segundo, otra en la que posará con diversos trajes de torero, en posturas procaces que abundarán en formas abultadas, gracias a un conjunto de prótesis de relleno.

Enlace de regalo: crítica acompasada de Melocotones Helados, de Maria Laura Espido Freire, libro oprobiado con el Premio Planeta de Buena Chica.

lunes, 20 de abril de 2009

Formulario de participación en el Premio Cam de Cuentos “Gabriel Miró”.

Observe el lector atento y perspicaz, el formulario de participación que ha de rellenar cada participante en el Premio Cam de Cuentos “Gabriel Miró”:


No sorprende que esto suceda en un evento cultural jugosamente premiado; es más, uno de mis agentes informa de un posible cambio en la denominación de este certamen, que pasaría a llamarse: “Konkurso de Kuentos Javriel Miró” (está por confirmar si se mantendrá intacta esta última palabra).

Me informa otro de mis hombres que cierto lector preeliminar de un certamen que no era el Premio Planeta (repito: no era el Premio Planeta), inmerso en la lectura de un texto, no supo identificar un determinado carácter, debiendo avisar a un supervisor. Llegado éste, no tuvo problema en señalarle que el carácter en cuestión se trataba de una de las cinco vocales. No se citará cual para menor oprobio del aludido.

viernes, 10 de abril de 2009

lunes, 30 de marzo de 2009

La gran estafa. Alfaguara, Planeta y la novela basura (Manuel García Viñó, VOSA).


Este libro es un fabuloso compendio de críticas acompasadas pergeñadas por Manuel García Viñó, la cara visible de La Fiera Literaria. De la crítica acompasada ya hablé en su momento (aquí puedes encontrar algo más sobre ella) y no puedo sino reafirmarme en mi elogio: es, sin duda alguna, el método ideal para revelar la paupérrima calidad de los productos pseudoliterarios con cuya publicidad (explícita o implícita) nos bombardean los medios de comunicación.

El libro contiene críticas acompasadas de Las edades de Lulú (Almudena Grandes), La pasión turca (Antonio Gala), El invierno en Lisboa (Antonio Muñoz Molina), Mañana en la batalla piensa en mí (Javier Marías), Mientras vivimos (Maruja Torres), parte de La hija del caníbal y de El corazón del tártaro (Rosa Montero), Una palabra tuya (Elvira Lindo), Todas las almas (Javier Marías), Malena es nombre de tango (Almudena Grandes) y Un calor tan cercano (Maruja Torres).

«Después de algunos años alejado de los estudios literarios, cuando leí algunas obras de Javier Marías, tan ponderadas por críticos, académicos y profesores, comprendí que me encontraba en el camino adecuado para alcanzar el tipo de situación en que más disfruto de la vida: la de enfrentarme, desde la total independencia y provisto de ideas personales, al adocenamiento de lo oficioso y al conformismo de lo establecido. Aquellas no sólo eran las peores novelas –en rigor, ni siquiera eran novelas- de todos los tiempos, sino también unos libros ridículos, irrisorios. En ellos dominaba la incompetencia, la pobreza de ideas y una falta total de valores estéticos. Luego, al proseguir mis lecturas y comprobar que al mismo bajo nivel se situaban las obras de quienes eran ofrecidos al público como los renovadores de la novela española de fines del siglo XX y comienzos del XXI –Almudena Grandes, Muñoz Molina, Maruja Torres, Rosa Montero, J.J. Millás, etc.-, comprendí que me encontraba ante un colosal engaño; un engaño en el que participaban todas las instancias por las que discurre la “vida” del libro, desde las agencias a las bibliotecas, pasando por las editoriales, las librerías, la crítica, los medios de comunicación, los jurados de premios, la publicidad...»

Algunos ejemplos:

domingo, 22 de marzo de 2009

Christiane Rochefort vs. Almudena Grandes.

He aquí una nueva comparación agraviativa, esta vez conformada por fragmentos de las escritoras Christiane Rochefort y Almudena Grandes (la primera, consagrada; la segunda, sedicente).


El reposo del guerrero (Christiane Rochefort). Página 38:

«Inclinado sobre mí, sigue sonriendo: por lo que él sabe, y yo ignoro. Sus ojos me desnudan más que sus manos, descubren la verdad: yo no conozco el placer. Recuerdo mis pobres y escasas aventuras, en las que me creía feliz, en las que nadie disipaba la ilusión; Pierre, la suave tranquilidad dos veces por semana, que yo denominaba ternura. Mi mezquindad; su delicadeza. Renaud no tiene ninguna.

–¿No gozas?

Me sonrojo espantosamente, avergonzada por la tara revelada; vuelvo la cabeza. Se desliza a los pies de la cama, a mis pies. Me resisto, siento vergüenza. No quiero. Firmemente, me fuerza. Las lágrimas de la derrota brotan de mis ojos, y oigo mis gemidos. Cedo. Apenas me ha abandonado, comienzo a sufrir. Le atraigo hacía mí. Le necesito. Estoy perdida. Hará de mí lo que quiera.»


Las edades de Lulú (Almudena Grandes). Página 47 (de 114):

«Pablo se apoderaba de mí, su sexo se convertía en una parte de mi cuerpo, la parte más importante, la única que era capaz de apreciar, entrando en mí, cada vez un poco más adentro, abriéndome y cerrándome en torno suyo al mismo tiempo, taladrándome, notaba su presión contra la nuca, como si mis vísceras se deshicieran a su paso, y todo lo demás se borraba mi cuerpo, y el suyo, y todo lo demás, por eso tardé tanto en identificar el origen de aquellas caricias húmedas que de tanto en tanto me rozaban los muslos como por descuido, contactos breves y levísimos que tras segundos de duda y un instante de estupor me indicaron que Ely seguía allí abajo, clavado de rodillas en el suelo, lamiendo lo que yo no aprovechaba, meneándose aquella pequeña picha suya, tan blanca y tan blanda, mientras yo follaba como una descosida, indiferente a aquel pintoresco animal callejero que, de espaldas a mí, se cebaba en las sobras de mi banquete particular, hasta el punto de que había llegado a olvidar por completo su existencia.»

jueves, 12 de marzo de 2009

Fragmentos de Soldados de Salamina (Javier Cercas, Tusquets).

En ciertas páginas de Soldados de Salamina, de Javier Cercas, obra que, según dicen, no es nada parecida a Estrella Distante de Roberto Bolaño, se encuentran estas oraciones, fragmentos de diálogos, de cuya pertinencia en la narración estoy seguro que el lector podrá darse cuenta cabal:


Página 32 (de 98):

«—Tiene miga —comentó en efecto Conchi, con un ric­tus de asco—. ¡Mira que ponerse a escribir sobre un facha, con la cantidad de buenísimos escritores rojos que debe de haber por ahí! García Lorca, por ejemplo. Era rojo, ¿no? Uyyyy —dijo sin esperar respuesta, metiendo la mano por debajo de la mesa: alarmado, levanté el mantel y miré—. Chico, qué manera de picarme el chocho.

—Conchi —le recriminé en un susurro, incorporándo­me rápidamente y esforzándome en sonreír mientras espiaba de reojo las mesas de al lado—, te agradecería que por lo menos cuando salgas conmigo te pongas bragas.

—¡Menudo carrozón estás hecho! —dijo con su sonri­sa más cariñosa, pero sin sacar a flote la mano sumergida: en ese momento noté los dedos de sus pies subiéndome por la pantorrilla—. ¿No ves que así es más sexy? Bueno, ¿cuándo empezamos?

—Te he dicho mil veces que no me gusta hacerlo en los lavabos públicos.

—No me refiero a eso, capullo. Me refiero a cuándo empezamos el libro.»


Página 78 (de 98):

«—¡Que nos va a salir un libro que te cagas!

Hicimos chocar los vasos, y por un momento sentí la tentación de alargar el pie y comprobar si se había pues­to bragas; por un momento pensé que estaba enamorado de Conchi.»


Se trata, sin duda, de pequeños destellos literarios, intervenciones reveladoras que aportan a esta obra un matiz de elegancia y distinción.