viernes, 8 de enero de 2010
Arturo Pérez Reverte al desnudo.
lunes, 4 de enero de 2010
Arturo Pérez Reverte el ratoncito valiente.
Muchos recordarán la vomitona de rencor que Arturo Pérez Reverte creyó inteligente dedicar a Francisco Umbral, utilizando para ello su columna de ¿opinión?: «Umbral nunca tuvo nada que decir», «anda muy flojo de lenguas», «sus innumerables intentos frustrados de novelar», «el sexo turbio que impregna sus novelas; más turbio aún cuando imaginamos al propio Umbral practicándolo», «además de ser un periodista que nunca dio una noticia, de que en sus novelas y columnas no haya una sola idea, y de alardear de una cultura que no tiene», «A todo eso añade una proverbial cobardía física», «Cuando me responda, si tiene huevos».
En su vulgar zafiedad de adolescente chuloputesco, no previó Pérez que, cuando tomara el ascensor para descender de su vanidad, quizá alguien decidiera ofrecerle una contestación y, así, acudiendo a un encuentro digital en El Mundo, periódico de la entonces columna diaria de Umbral, y topando con ciertas preguntas alusivas, se vio obligado a tragarse sus testículos para resituarlos en su posición original.
A continuación hubo de hacer un esfuerzo para contener un explosivo y lubrificante apretón mientras abandonaba la redacción del citado periódico a todo correr, saltar y pedorrear, pues a cada paso su potencia muscular flaqueaba, liberando nuevas emulsiones a la par que Pérez lanzaba aullidos tales como: «No me cogeréis viiivooo», «contestadme si tenéis hueeevooos», desplazándose propulsado por sus propias ventosidades.
Hay quien hasta dice que no se terminó el café.
El correspondiente edificio hubo de ser ventilado para eliminar el olor de la valentía de Pérez o, como él diría, el olor de «sus huevos».
lunes, 28 de diciembre de 2009
El intrascendente Agustín Fernández Mallo.
Quienes hayan leído el número 147 de la revista Qué Leer, de octubre de este año, habrán contemplado la portada (“Nocilla y postpoesía”) dedicada a Agustín Fernández Mallo, con motivo del lanzamiento de su obra Nocilla Lab. Resulta llamativo el hecho de que a este autor cuasinovel de cuarenta y dos años, perteneciente a la escudería Alfaguara (Grupo PRISA) se le dediquen portadas que igualmente son dedicadas a personajes internacionales como Dan Brown. Aunque no es novedad que el Grupo PRISA nos quiera vender sus caballos como sublimes (recuérdese al soporífero Javier Marías o al matasiete Pérez Reverte).
En su interior, cuando el lector se topa con: «El arte [...] es el triunfo del hombre sobre la Naturaleza», comprende que hay que explicar al entrevistador que la palabra naturaleza se escribe con minúscula y se da cuenta que, para Mallo, el arte se inventó con la caza del mamut.
Todavía «profundiza»: «El agua caía por gravedad y un día un tío hizo que subiera e inventó la fuente. Aquí está el origen del arte». No, Mallo, ahí está el origen de la dinámica de fluidos. El origen del arte, como cualquier estudiante de instituto sabe, se encuentra en las pinturas rupestres y los monumentos megalíticos, no en el primer hombre que miccionó en parábola.
Queda saber por qué lo trascendente es, para él, «supuestamente» trascendente, o dicho de otro modo, por qué El juego de los abalorios, de Hermann Hesse, tendría en su mente la misma importancia que un chiste de Lepe.
Cualquier lector espabilado advertirá que es precisamente por esto que lo trascendente pasa de pronto a ser «supuestamente trascendente». Es un incomprendido el incomprendedor Mallo.
-Leer NO es el último lujo que queda de ninguna civilización. También están las corridas de toros.
-Determinar la latitud y la longitud de la lectura resulta complejo.
-Mallo no sabe qué significa ‘pijo’, pero cree saberlo.
-Las lecturas de Mallo no han generado nada en su mente, ni le han conducido a nada. Ergo, o éstas son muy deficientes, o lo ha sido su cerebro al procesarlas.
-La obra de Mallo es pija, no conduce a nada y no genera nada, salvo quizá, ingresos procedentes de bolsillos incautos.
domingo, 20 de diciembre de 2009
«Somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos». (Arturo Pérez Reverte).
El pobre Pérez, arropado su ego por múltiples periodistas arrodillados y profesores de universidad deseosos de chupar alguna de las cámaras que al héroe persiguen (Alberto Montaner, Francisco Rico), «está seguro de que el obituario en el diario de turno, el día que muera, será: “Ha muerto el padre de Alatriste”». Lo que no se imagina es que, una vez agotada esta última campaña promocional, sus tostones de aventuras dejarán libre el hueco mediático para el siguiente escribidor aupado.
Su académico inteleto destelló entonces una nueva apoteosis: «somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos».
Centenares de eruditos se han congratulado de la ocurrencia perezna, preguntándose sorprendidos cómo es que no se les ocurrió a ellos antes; y es que, claro, la avanzada mente de Pérez va decenios por delante de la nuestra. Tantos, que se comenta que tras el breve pero intenso chorro de sabiduría con que salpicó a los presentes, Pérez continuó declamando nuevos manguerazos de sapiencia:
«Seremos lo que seremos porque somos lo que somos».
«Fuimos lo que fuimos porque habíamos sido lo que habíamos sido».
«Ergo: seremos lo que seremos porque habíamos sido lo que habíamos sido».
«Soy lo que soy porque fui lo que fui».
«Si no hubiéramos sido lo que fuimos no seríamos lo que somos».
«Si no somos lo que somos, no seremos lo que seremos».
«Habiendo sido lo que fuimos, hemos llegado a ser lo que somos».
«Lo que seremos dependerá de lo que somos».
«Siendo lo que fuimos hemos llegado a ser lo que somos».
El Premio Planeta Fernando Savater ya está preparando cuatro volúmenes sobre este volquete de erudición que Pérez volcó sin la ayuda de una hormigonera. Varios ciudadanos permanecen todavía en coma, debido a la sobredosis de conocimiento.
viernes, 11 de diciembre de 2009
Epigrama al corrupto Premio Nadal.
un gran premio literario:
Laforet, Delibes, Umbral
no fueron un mal muestrario.
Mas Destino Editorial
por Lara, el mandatario,
fue englutida, ¡qué mal!,
en su grupo planetario.
“No entiendo el Premio Nadal”,
exclamó el muy perdulario,
“¡que lo elija un comercial!”,
dictó, ya, totalitario.
“¡Así venderá un quintal!”,
pensó, incauto y nefario,
“¡venga, en marcha, personal!”,
y corrió el personal, gregario.
Y así hoy el Premio Nadal
reúne a un corrupto bestiario:
Etxebarría, Torres, ¡letal
fauna de veterinario!
Y es que este Premio Nadal
es un premio agropecuario.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Neoprada el rompematrices.
La puerta se abre, entran dos policías: un hombre de espaldas teclea. El hombre se vuelve, patea su silla y noquea a uno de ellos. Después se eleva posando en el aire, cuya gruya flotante, marcando su traje de cuero ajustado. La cámara gira en torno a él, captando su pose, justo antes de que patee al otro policía. Entretanto, un espontáneo le birla el portátil.
Neoprada nos habla, oteando en derredor:
-El Matrix progre nos rodea, nos envuelve, es el aire que respiramos, la pitanza que nos jalamos, el cuesco que nos tiramos...
De pronto se gira y, ¡BLAM!, dispara su escopeta reventando un gato que pasaba por allí.
-A veces son ellos –explica.
Neoprada pímplase un lingotazo de sangre de Cristo. «Padecemos una plaga bíblica fruto de la idolatría del dinero», continúa. Neoprada predicó ya contra esta idolatría del dinero con su propio ejemplo, al recibir el Premio Planeta, arrimando en pompa su nalgatorio hacia José Manuel Lara, quien le inoculó su semilla de corrupción.
«Es el castigo no que inflinge Dios a los hombres, sino que los hombres se infligen a sí mismos cuando deciden instaurar falsos paraísos terrenales», dice restregando manojos de billetes de cien euros contra su cuerpo sudoroso, con afán penitente.
El profeta Neoprada alumbra así nuestro camino, para que podamos dar media vuelta y echar a correr en dirección contraria.
(Neoprada coge el teléfono de una cabina y marca con decisión).
-Progretilla, voy a correrte a cipotazos.
-Telefónica le informa que el número marcado no existe.
(Neoprada cuelga).
(Música de Marilyn Manson. Vista cenital: Neoprada emprende el vuelo y se parte la crisma contra la cámara).