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sábado, 28 de agosto de 2010

Ricardo Senabre finge criticar Lo que esconde tu nombre, de Clara Sánchez.

He aquí un lamentable ejemplo de crítica cobardica y cagueta, pergeñada por Ricardo Senabre a favor de Lo que esconde tu nombre, de Clara Sánchez, obra que resultó atufada por el Premio Nadal 2010.

Primer párrafo: ¿Qué napias importa que esta obra haya ganado el Premio Nadal? Eso no es una crítica de la obra. ¿Qué diantres importa la carrera de Clara Sánchez? No es ella la que está a examen. Únicamente se nos suelta una vaguedad acerca del argumento de la obra («la búsqueda de antiguos jefes nazis»).

Segundo párrafo: Se nos habla con levedad de una contraposición de puntos de vista, en realidad comentada para colarnos descaradamente más sucesos de la novela.

Tercer párrafo: Se nos cuela más argumento de la obra. Se nos dice que algo «está bien narrado, con una cuidadosa dosificación de informaciones, si bien recuerda muchos modelos y estructuras narrativas bien conocidas» y ¡traca!: se nos cuela una referencia a una película de Hitchcock. Además, se califica lo que es claramente una copia descarada de un elemento cinematográfico como «curioso fenómeno de importación». Imagine el navegante que un atracador perpetrara un «curioso fenómeno de importación», siendo el objeto del mismo la billetera de Ricardo Senabre.

Cuarto párrafo: Se nos cuela más argumento de la obra. «¡Seño, seño! ¡Que me la he leído!». Apenas ahora arranca la crítica: «proporcionan a la novela cierta profundidad psicológica», «la prosa es funcional y correcta, aunque con alguna construcción cacofónica (“la noté desmejorada, quizá demasiado delgada para estar embarazada, pero era sólo una impresión de pasada”, p. 169), alguna fórmula funcionarial (“a día de hoy”, p. 107) o alguna leve incongruencia (el “director” del gimnasio [p. 248] o el coloquialismo “pasmarote” [p. 53] puesto en boca de la noruega Karin)». Ahí acaba.

¿Se da cuenta el navegante de que Clara Sánchez ha clavado una cacofonía cuádruple en un Premio Nadal?

No se nos dice si esta novela es buena o mala, ni si los personajes están bien construidos o no, ni si la trama es adecuada para el argumento o es inadecuada, etc… De hecho, la única crítica se reduce apenas a las últimas cuatro líneas y, para una novela que tales cagarrutas contiene, éstas se merecían el resto de la página.

Ricardo Senabre sólo nos cuela todo tipo de peripecias para evitar la evaluación de la novela. ¡Pero hombre, Ricardo Senabre!, ¡que se suponía que esto era una crítica! ¿Es que te va a esperar Clara Sánchez a la salida de clase o qué?

Resulta bochornoso que tenga que ser el lector el que, leyendo esas últimas cuatro líneas, infiera que las cagarrutas se multiplicaran ad infinítum dentro del libro.

Y así es como el crítico Ricardo Senabre mantiene su sueldo.