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domingo, 31 de enero de 2010

La visión del lector.

“Tú, lector, tuviste esta visión: una enorme estatua, efigie de un escribidor, de gran relumbrón y terrible literatura, comenzó a levantarse ante ti. Tenía su cabeza (hueca) de oro espectáculo; el pecho peludo y los hombros vellosos, de plata mediática; la enorme panza y las fofas cachas, de bronce editorial; las pantorrillas varicosas, de hierro amiguista y mafioso; y sus olorosos pies con hongos, parte de hierro amiguista y mafioso y parte de arcilla literaria. Mientras gritabas, una piedra se desprendió de un monte, con intervención de mano anónima, vino a dar contra los pinreles del engendro, que eran de hierro amiguista y mafioso mezclado con arcilla literaria, y los hizo fosfatina. Todo se hizo puré: hierro amiguista y mafioso mezclado con arcilla literaria, hierro amiguista y mafioso, bronce editorial, plata mediática y oro espectáculo; todo quedó hecho papilla como el estiércol vacuno que en verano la canícula agosta al sol y la brisa reduce a una polvareda que arrastra sin dejar ni pizca. Pero la piedra que había chocado contra la estatua se convirtió en una gran montaña que llenó toda la tierra.”

¿Qué no sucederá con aquellos que ni arcilla ni hierro saben poner en sus obras, sino tan sólo una cacosa substancia de la cual podría decirse es inferior a una boñiga?

miércoles, 12 de agosto de 2009

Alerta sanitaria: El Timmytrol.

Se ha detectado en las inmediaciones de este blog la presencia de un sujeto deseable en un grado cuasinulo. Según se cuenta, trátase del fruto eclosionado de uno de los ovoides hace un tiempo depuestos por Arturo Pérez Reverte.

El tal sujeto creció en soledad, con la única lectura de una recopilación de columnas de Pérez, la asimilación de cuyo contenido lo convirtió en un ser frívolo, maleducado y sin esperanza, dando como resultado el que su torturada mente se desarrollara en un entorno sin amigos e incluso sin enemigos.

Perdiendo su inocencia durante una partida de futbolín, el monorquídico sujeto acostumbra a proyectar su impotencia espiritual sobre toda entidad que le patentice la inferioridad testicular que lo caracteriza.

Sus tabernarias incursiones consisten en la comunicación de invenciones e incoherencias que son el producto natural de su mente afectada. Devenido en trol, responde al nombre de Timmy, el cual proyecta igualmente en sus adversarios (es decir, en las personas que se sitúan delante de él), tratando así erróneamente de derrotarse a sí mismo, pero incapaz de someter su «lado Pérez», como sí hacen los seres humanos que superan su pubertad y su adolescencia.

El Timmytrol no es peligroso, aunque padece la afección de una potente halitosis.